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El Mundial de 2026 no solo será recordado por ser el primero con 48 selecciones, sino por ser el que más dinero repartirá entre sus protagonistas. Durante el Consejo de la FIFA en Qatar, se oficializó una bolsa de 727 millones de dólares para los participantes, un aumento radical que busca profesionalizar aún más a las federaciones nacionales. Este presupuesto histórico responde al flujo masivo de ingresos que se esperan por la realización del torneo en los tres países de Norteamérica.

México, en su calidad de anfitrión y competidor, ya conoce sus ingresos mínimos garantizados para el verano de 2026. La selección nacional recibirá 1.5 millones de dólares para su preparación, sumados a los 9 millones que corresponden a la fase de grupos. Con un ingreso base de 10.5 millones, la federación mexicana podrá planificar campamentos de alto nivel y logística de primer mundo para encarar el torneo que se jugará, en parte, en suelo azteca.

La expectativa sobre el desempeño del combinado de Javier Aguirre es alta, y el beneficio financiero podría duplicarse si se llega a instancias definitivas. Un acceso a los octavos de final representaría una ganancia total de 20.5 millones de dólares para el fútbol mexicano. En este nuevo formato, llegar a dicha fase implica superar una ronda adicional, lo que justifica el salto económico respecto a ediciones anteriores donde los premios eran significativamente menores.

El desglose de premios para la élite mundial también ha sido ajustado al alza. El ganador del trofeo Vince Lombardi del fútbol recibirá 50 millones de dólares, mientras que los equipos que terminen entre el quinto y octavo lugar percibirán 19 millones. La FIFA ha diseñado esta estructura para que cada partido ganado tenga un impacto real en las arcas de las federaciones, incentivando la competitividad desde el primer encuentro de la fase de grupos.

Infantino calificó estas cifras como una «revolución financiera» necesaria para el crecimiento global del deporte. Al margen de los premios mayores, el Consejo también puso énfasis en la responsabilidad social, destinando parte de los excedentes a un fondo especial para zonas afectadas por guerras. Así, el Mundial 2026 se perfila como un evento que, además de espectáculo, generará un impacto económico y humanitario sin precedentes en la historia de la FIFA.