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Frente al enfriamiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Estados Unidos, Canadá da un paso decisivo hacia el viejo continente. El presidente francés, Emmanuel Macron, expresó su total respaldo para que el gobierno canadiense se convierta en el primer socio asociado de la Unión Europea (UE).

El cónclave bilateral tuvo lugar en el territorio insular de San Pedro y Miquelón, un enclave francés situado frente a las costas de Terranova. Desde ese punto geográfico, Macron y el primer ministro canadiense, Mark Carney, delinearon una nueva arquitectura de cooperación bilateral que abarcará áreas críticas como la defensa, el desarrollo aeroespacial, las telecomunicaciones y la seguridad energética.

Esta iniciativa profundiza la propuesta lanzada previamente por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Para Ottawa, consolidar puentes institucionales con el bloque europeo representa una vía indispensable para diversificar su economía y blindarse frente a la coerción externa.

El acercamiento acelerado de Canadá hacia Europa ocurre en un contexto de alta tensión geopolítica, marcado por la imposición de aranceles por parte de la administración de Donald Trump, las exigencias de concesiones económicas y los recurrentes amagos del mandatario estadounidense sobre la soberanía territorial canadiense.