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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó categóricamente que su país no continuará subordinado ni dependiendo económicamente de las dos principales superpotencias del planeta, China y Estados Unidos. Durante un pronunciamiento oficial, el mandatario suramericano fijó una postura de autonomía geopolítica y desarrollo soberano al asegurar que la meta nacional es competir en igualdad de condiciones en el tablero internacional: «Queremos ser iguales a ellos o mejores que ellos. Nunca peores».

Lula enfatizó el potencial productivo y el capital demográfico del gigante suramericano como los motores clave para alcanzar dicha transformación estructural. «Tenemos más que suficiente gente para hacer que esto suceda», remarcó el jefe de Estado, insistiendo en que el objetivo de su gobierno es consolidar a Brasil no solo como un líder regional o exportador de materias primas, sino como una verdadera potencia económica global con industria de alto valor agregado e independencia tecnológica.

Las declaraciones del líder brasileño reflejan la estrategia exterior de Brasilia basada en el pragmatismo multipolar y la reindustrialización nacional, buscando equilibrar sus vínculos comerciales con Washington y Pekín sin supeditarse a las tensiones comerciales o diplomáticas de ninguna de las potencias. El plan gubernamental persigue ampliar la influencia de los mercados emergentes e impulsar la soberanía en cadenas de suministro estratégicas en toda América Latina.