La emblemática Galería de Apolo del Museo del Louvre reabrirá al público este miércoles, nueve meses después del audaz asalto en el que un comando de ladrones sustrajo las Joyas de la Corona francesa. El espacio volverá a recibir visitantes completamente vacío de piezas preciosas.
El botín del robo, cometido a plena luz del día mediante el uso de un camión con plataforma elevadora para alcanzar un balcón, fue valorado por el museo en 88 millones de euros (aproximadamente 102 millones de dólares). Durante el atraco, los asaltantes se llevaron nueve piezas históricas —incluyendo tiaras, collares y broches de las colecciones de la emperatriz Eugenia y otras soberanas—, aunque la corona de la emperatriz Eugenia fue encontrada dañada en las inmediaciones durante la huida y permanece bajo restauración. El resto de las joyas sustraídas continúa desaparecido.
Christophe Leribault, presidente y director del Louvre, explicó en una entrevista con el diario Le Parisien que las colecciones y objetos preciosos que quedaban en la sala fueron retirados de forma definitiva. El objetivo es que la galería recupere su función ceremonial original del siglo XVII y ceda todo el protagonismo a su imponente decoración mural y a los techos pintados y esculpidos por Charles Le Brun, los cuales sirvieron de inspiración para la creación del Salón de los Espejos de Versalles.
Para albergar de manera segura el resto de las joyas institucionales que no fueron robadas, la administración del museo planea construir una cámara acorazada o búnker sin ventanas en otra zona del recinto, un proyecto para el cual aún se evalúan la ubicación exacta y el financiamiento.
El histórico robo desató una profunda crisis institucional en el museo más visitado del mundo, exponiendo severas fallas de seguridad que derivaron en la salida de la anterior dirección del recinto y en llamados gubernamentales para acelerar la reestructuración de sus protocolos de vigilancia.















