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Cada vez que alguien propone revisar a fondo las plurinominales, conviene hacer una pausa y regresar a su origen, para entender su pertinencia y sentido. Porque las diputaciones de representación proporcional no nacieron en un laboratorio tecnocrático ni en una mesa de negociación burocrática. Nacieron del autoritarismo, la represión y las luchas de la izquierda.

México no tuvo pluralismo por concesión generosa del poder que controlaba el otrora partido de Estado. Lo conquistó en la calle.

El movimiento ferrocarrilero de 1958 y 1959, encabezado por Demetrio Vallejo, fue reprimido con cárcel y despidos masivos. El mensaje era claro: la disidencia no tenía espacio institucional, aunque sus métodos de lucha fueran pacíficos. Diez años después, en 1968, el Estado respondió con balas a una generación que exigía libertades democráticas elementales, inadmisibles para el principio de autoridad absoluto del presidencialismo de hace unas décadas. El 2 de octubre no fue un “exceso”, fue la expresión brutal de un régimen que no toleraba oposición real, que sentía que la mera existencia de la protesta en las calles lo cuestionaba. En 1971, el Halconazo volvió a confirmar que el autoritarismo seguía intacto y para miles de jóvenes valientes y decididos, fue la constatación de que los cauces legales estaban cerrados y que había que combatir por cauces subterráneos hasta lograr la democracia y la libertad. En el lustro que siguió a esas fechas en el periodo que conocemos como ¨la guerra sucia”, el Estado mexicano persiguió, detuvo, desapareció y asesinó a cientos, miles de estos jóvenes luchadores, dejando de lado cualquier rastro de legalidad, ya no digamos de respeto a los Derechos fundamentales.

Ese es el contexto en el que debe entenderse la reforma política de 1977. No fue un gesto magnánimo del régimen; fue una válvula de escape frente a una crisis de legitimidad. El Estado entendió que cerrar todos los cauces institucionales solo alimentaba la radicalización y la ruptura. Así nació la representación proporcional: como mecanismo para abrir el Congreso a fuerzas que, aunque no pudieran ganar ninguno de los 300 distritos electorales porque el sistema no lo permitía, pudieran llegar a la Cámara de Diputados y representar a sectores reales de la sociedad o a corrientes alternativas de pensamiento, como el Partido Comunista de México.

Las plurinominales fueron, en su origen, una conquista democrática, mayormente ganada por la izquierda. Permitieron que voces excluidas entraran al recinto legislativo sin depender de la maquinaria territorial del partido hegemónico. Ese es su origen y ese debiera ser su sentido hoy.

Sin embargo, la representación proporcional hoy, establecida a partir de listas elaboradas por las dirigencias de los partidos, representa cuotas de las mismas dirigencias, espacios para las figuras de las burocracias que no compiten en territorio; o peor, refugio para aquellos que gobernaron mal y buscan evadir la acción de la justicia, con el fuero asociado a la representación popular. Así lo evidencia la recurrencia de la presencia de las dirigencias partidistas en las listas a las distintas Cámaras, de manera alternada y persistente que les permite acumular lustros o décadas de fueros y salarios sin ninguna representación efectiva.

De la percepción de la población de esta realidad, emana la propuesta de campaña de la Presidenta Claudia Sheinbaum, que incluye para el tema los siguientes aspectos, según se expusieron en la conferencia del 25 de febrero:

1. La eliminación de la lista nacional que permite la elección de 32 senadores plurinominales. La Cámara de Senadores está concebida como la representación de los estados ante el Congreso de la Unión. Por eso tienen la misma representación entidades como el Estado de México o Colima, a pesar de la gran diferencia entre la población de estas entidades. La representación de las minorías en cada entidad está garantizada, pues resultan ganadores de la elección la fórmula paritaria de la primera fuerza, así como la persona que encabeza la fórmula de la segunda fuerza en cada entidad, la primera minoría. En ese escenario ¿Qué sentido de representación de las entidades federativas tiene la integración de una lista nacional de la que resultan 32 senadores? Ninguno. Representan, con alguna excepción honrosa de nuestros pueblos originarios, a los partidos y sus dirigencias, atentando contra la naturaleza del Senado.

2. En la Cámara de Diputados, donde reside la representación del pueblo, la fórmula propuesta rescata el sentido original de la representación proporcional y atiende al sentimiento de la población. Se propone que sigan los 200 diputados y diputadas de representación proporcional, de los cuales solo 95 serían elegidos con base en una lista presentada por cada partido. En teoría, acá se tendrían que atender las acciones afirmativas, sin que se simulara la representación, como tanto sucede hoy. 97 resultarían de los candidatos que no resultaran ganadores en un distrito, pero obtuvieron los mejores resultados en su partido. Esto permitiría la representación proporcional de hombres y mujeres que hayan solicitado y obtenido el voto en un ejercicio directo con la ciudadanía. Los 8 restantes serían representantes de los mexicanos en el extranjero.

Con estas propuestas, se mantiene una dimensión que no puede ignorarse: la memoria histórica. Las plurinominales son hijas de una etapa en la que la oposición no tenía otra vía que la clandestinidad o la persecución. Son parte del tránsito de un Congreso monocolor a uno plural. Gracias a esa apertura, fuerzas que durante años fueron marginales pudieron crecer institucionalmente. Sin representación proporcional, muchos movimientos habrían quedado fuera del sistema formal.

La propuesta presentada es sin duda un paso en la dirección que buscamos desde siempre en la izquierda: más democracia, mayor participación, mejor y más efectiva representación popular

Diputado Joaquín Zebadúa

Joaquín Zebadúa Alva es sociólogo por la Universidad Autónoma de Chiapas y maestro en Tutela Internacional de Derechos Humanos por la Universidad de Roma La Sapienza. Ha sido docente universitario, activista social de la izquierda, Presidente Municipal de Berriozábal, Chiapas (2018-2021) y Diputado Federal. El único partido en el que ha militado es Morena. Es autor de Nuestra Marcha, crónica de su gobierno en Berriozábal. Ha sido colaborador en diversos medios de comunicación locales en Sonora, Querétaro y Chiapas.