Chile continúa enfrentando las consecuencias de un intenso sistema frontal que ha golpeado gran parte del país durante la última semana y que ya deja al menos 10 personas fallecidas, cuatro desaparecidas, miles de damnificados y más de 100 mil personas aisladas, mientras las autoridades mantienen la emergencia en varias regiones.
Las lluvias, consideradas entre las más severas de las últimas décadas, han provocado inundaciones, desbordamiento de ríos, aluviones y cortes de caminos desde la región de Atacama hasta el centro y sur de Chile. El impacto ha sido particularmente grave en Atacama y Coquimbo, zonas acostumbradas a un clima árido donde las precipitaciones alcanzaron niveles históricos, ocasionando daños en viviendas, infraestructura y servicios básicos.
De acuerdo con los balances más recientes, el temporal ha dejado más de 4 mil personas desplazadas, más de un millar refugiadas en albergues temporales, decenas de miles de viviendas con distintos niveles de afectación y amplios sectores sin electricidad ni agua potable. Además, el gobierno mantiene alertas de evacuación en diversas localidades ante el riesgo de nuevas crecidas de ríos y deslizamientos de tierra.
Las autoridades chilenas declararon estado de catástrofe en las regiones más afectadas y desplegaron a las Fuerzas Armadas y equipos de emergencia para apoyar las labores de rescate, distribución de ayuda humanitaria y restablecimiento de servicios esenciales. Paralelamente, el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) mantiene monitoreo permanente sobre los cauces de ríos y quebradas, ya que el escurrimiento desde la cordillera podría seguir elevando los niveles de agua incluso después de que cesen las lluvias.
El sistema frontal también obligó a suspender clases en varias regiones, incluidas Coquimbo, Valparaíso y algunas comunas de la Región Metropolitana, mientras continúan los trabajos para restablecer la conectividad en comunidades que permanecen incomunicadas.
Especialistas atribuyen la intensidad del fenómeno a la combinación de un río atmosférico con la influencia de El Niño, condiciones que incrementaron de forma excepcional las precipitaciones en zonas que arrastran una prolongada sequía. Aunque las lluvias comienzan a disminuir en algunas regiones, las autoridades advirtieron que el riesgo persiste debido al aumento del caudal de los ríos, la saturación de los suelos y la posibilidad de nuevos deslizamientos.















