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El 2027 se ha marcado en el calendario de los hinchas de Newell’s como el año del posible «Last Dance» de Lionel Messi en Argentina. La confirmación de un proyecto liderado por la agrupación UNEN para traer al 10 ha generado un impacto mediático global. Según los dirigentes, la idea nació en 2024 y ha ganado tracción tras las elecciones de diciembre pasado. El objetivo es claro: que el mejor jugador del mundo cierre su carrera profesional en el Coloso del Parque.

La viabilidad del sueño depende de una alineación de planetas casi perfecta. Por un lado, la MLS debe confirmar su torneo de transición en 2027, lo que liberaría a Messi de compromisos oficiales en Estados Unidos por seis meses. Por otro lado, Newell’s debe mejorar significativamente su presente institucional para ser un destino atractivo. Medina reconoció que el club necesita ofrecer condiciones de «primer nivel» para que Messi considere dejar la comodidad de Miami por la intensidad del fútbol argentino.

A pesar de la euforia en Rosario, desde el entorno de Messi y el Inter Miami se mantiene un silencio absoluto. Leo está enfocado en el Mundial 2026 y en cumplir su nuevo contrato que lo liga a las «Garzas» hasta finales de 2028. Además, han surgido rumores sobre un interés del Galatasaray de Turquía para un préstamo corto, lo que demuestra que Newell’s no es el único pretendiente que busca aprovechar los recesos de la liga norteamericana para contar con el astro.

El aspecto humano es, quizás, el mayor desafío. Messi ha declarado en diversas ocasiones que la seguridad y el bienestar de sus hijos son su prioridad absoluta, un tema sensible en la ciudad de Rosario. La propuesta de la dirigencia incluye un plan integral que involucra al gobierno provincial para asegurar un entorno protegido, intentando mitigar las dudas que Messi podría tener sobre la logística de su vida cotidiana en el país tras décadas en el exterior.

En conclusión, aunque existe un plan formal y contactos preliminares, las chances reales de ver a Messi en Newell’s en 2027 siguen siendo bajas desde el punto de vista administrativo. No obstante, el factor emocional siempre juega un papel impredecible en la carrera del 10. Como dijo el presidente Boero: «Vamos a hacer lo posible y lo imposible». Por ahora, el fútbol argentino se permite soñar con una imagen que, de concretarse, paralizaría al mundo entero.