La historia de Lindsey Vonn en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 ha dado un giro desgarrador, transformándose de un regreso épico a una de las pruebas de resiliencia más duras de su vida. La leyenda del esquí compartió que atraviesa los días más difíciles de su existencia tras sufrir una doble tragedia que combina el dolor físico extremo con una pérdida emocional irreparable.
El calvario comenzó el 8 de febrero, cuando apenas 13 segundos después de iniciar su descenso en la prueba de Downhill, Vonn sufrió una caída violenta que resultó en una fractura compleja de tibia en su pierna izquierda. Mientras yacía en una cama de hospital en Italia enfrentando la realidad de que su pierna estaba «en pedazos», recibió el golpe definitivo: su perro Leo, su compañero fiel durante 13 años y apoyo emocional en sus lesiones más oscuras, falleció a causa de un cáncer de pulmón el 9 de febrero.

Debido a su inmovilidad y la gravedad de su estado, Vonn tuvo que despedirse de Leo a través de una llamada de FaceTime desde el hospital Ca’ Foncello en Treviso. Leo no era solo una mascota; había sido el pilar que sostuvo a Lindsey desde su segunda rotura de ligamento cruzado y durante la amargura de quedar fuera de los Juegos de Sochi 2014. Perderlo justo cuando su cuerpo volvía a quebrarse en la pista representa un nivel de dolor que la esquiadora apenas comienza a procesar.
A día de hoy, Vonn ya se encuentra en suelo estadounidense tras ser dada de alta el día anterior. Su historial médico reciente es impactante: se ha sometido a cuatro cirugías de emergencia en Italia para estabilizar la fractura y aún tiene programada al menos una intervención adicional en Estados Unidos para retirar el fijador externo metálico que sostiene su hueso. Aunque permanece inmóvil y bajo un estricto régimen de recuperación, estar rodeada de su familia en casa es el primer paso para sanar tanto su tibia como su corazón.

Pese a la magnitud del desastre, el espíritu de la «Reina de la Velocidad» permanece inalterable. A sus 41 años, y con una pierna reconstruida quirúrgicamente por quinta vez en diez días, Vonn lanzó un mensaje desafiante al mundo a través de sus redes sociales: «Mi pierna está rota, pero mi espíritu no». Esta declaración subraya la fuerza de una atleta que, incluso en su momento más vulnerable, se niega a ser definida por la tragedia.






