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“La humanidad ha abierto las puertas del infierno”,
Antonio Guterres, Secretario General de la Organización de Naciones Unidas,
Nueva York, 20 de septiembre de 2023

Con estas duras palabras inició su discurso el Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, el pasado mes de septiembre en el marco de la cumbre de cambio climático celebrada en Nueva York en la sede de la Organización de las Naciones Unidas. Y no es para menos…. ese escenario infernal es el que ahora están viviendo nuestros hermanos de Acapulco y sus alrededores ante los efectos del poderoso huracán Otis.

La crisis climática es real y no responde a ninguna agenda política, ambiental o empresarial, es un fenómeno que el ser humano ha agravado en las últimas décadas sin darle la importancia debida. No es un asunto propio de los “ambientalistas” o de algún científico “loco”, es un asunto vinculado a la supervivencia de nuestra especie (y de millones de especies con las que compartimos el planeta).

En enero de este año, en el marco de la reunión anual del Foro Económico Mundial en la ciudad suiza de Davos, se publicó el Informe sobre Riesgos Globales (Global Risks Report 2023) a la Economía Mundial para los próximos 10 años, siendo los 4 primeros riesgos a la economía del mundo, riesgos de carácter ambiental: 1) Fracaso de los gobiernos a la mitigación del cambio climático; 2) Fracaso de los gobiernos a la adaptación al cambio climático; 3) Desastres naturales y eventos meteorológicos extremos; y 4) Pérdida de biodiversidad y colapso de ecosistemas. Reitero, es la visión de los expertos en economía mundial, no de ambientalistas.

En marzo de este año, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), órgano asesor científico de Naciones Unidas en la materia, presentó su Sexto Informe de Evaluación, participando en su elaboración cientos de científicos en todo el mundo. En sus más de 8 mil páginas, el informe presenta las devastadoras consecuencias del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en todo el mundo (destrucción de viviendas, pérdida de medios de subsistencia, fragmentación de las comunidades, entre otras consecuencias), así como los riesgos cada vez más peligrosos e irreversibles que enfrentaremos si no cambiamos de rumbo.

Un punto muy importante del informe es que el ser humano es el responsable directo de que este fenómeno se ha agravado en los últimos años y que los fenómenos meteorológicos extremos (como los huracanes) son más intensos e impredecibles.

Los científicos nos han estado alertando desde hace más de 30 años de las consecuencias del cambio climático que hemos originado, sin que ningún gobierno en el mundo tome en serio sus recomendaciones, por lo que cada año la situación se agrava más que el año anterior y así sucesivamente.

Un buen ejemplo es que el último verano en el hemisferio norte tuvo las temperaturas más altas jamás registradas, sin olvidar las grandes sequías (y su respectiva crisis hídrica), incendios históricos, entre otras consecuencias no vistas anteriormente.

Nos encontramos en una encrucijada mundial donde los países desarrollados deben trabajar en conjunto con los países en desarrollo para combatir este problema mundial. El medio ambiente y el cambio climático no conoce fronteras administrativas y un ejemplo es que la deforestación del Amazonas por parte de ganaderos y agricultores afecta a países desarrollados como Alemania o Estados Unidos a través de inundaciones o incendios. Es decir, hablamos de un asunto denominado “justicia climática”, donde los principales emisores de gases efecto invernadero (países desarrollados) deben apoyar con recursos económicos y programas efectivos de adaptación a los países pobres que tienen los últimos recursos naturales en buen estado en el planeta, ya que la vulnerabilidad es para todos, no respeta fronteras ni rangos económicos.

Aunque México no es de los grandes países emisores de gases efecto invernadero, es un país muy vulnerable a los efectos del cambio climático, por lo que las medidas de adaptación deben tener un rango de “seguridad nacional”, fundamentalmente por las pérdidas humanas y económicas.

Las políticas ambientales frente al cambio climático deben tener prioridad respecto a cualquier otra política de gobierno. Es necesario cumplir con nuestros compromisos internacionales e implementar efectivamente los instrumentos de política ambiental para nuestro país como lo son los ordenamientos ecológicos del territorio (con sus atlas de riesgo y la conservación de ecosistemas primarios), así como instrumentar políticas de prevención ante estos fenómenos y no reaccionar en forma urgente ante los mismos.

Los efectos del huracán Otis en Acapulco y a su población deben reflejar un inicio de un cambio profundo de las políticas públicas ante el cambio climático y la protección ambiental. Las políticas ambientales no son una moda, son un instrumento clave para nuestra supervivencia como especie y una garantía para el desarrollo adecuado de las generaciones futuras.