Millones de mariposas monarca han vuelto a los bosques de Sierra Chincua, en Michoacán, a más de 3 mil 300 metros de altitud, tras recorrer cerca de 4 mil kilómetros desde Canadá para hibernar. Este fenómeno natural continúa siendo un enigma científico desde su registro oficial en 1975.
Durante la apertura del santuario, el pasado sábado, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla recordó el simbolismo cultural de esta migración, asociada a la llegada de “las almas de nuestros seres queridos”.
El entomólogo Javier Ponce Saavedra, de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, explicó que existen diversas teorías sobre su orientación. Desde hipótesis acerca de estructuras capaces de detectar minerales en su sistema nervioso, hasta la información genética que guía la ruta de sus antecesoras.
Aunque cada invierno los bosques de oyamel y pino se cubren de millones de ejemplares de mariposa monarca, la especie figura en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza por las amenazas que enfrenta.
La superficie ocupada por las colonias alcanzó su mínimo en 2013, con apenas 0.67 hectáreas, y en 2024 se reportó una recuperación parcial de 0.9 hectáreas.
La pérdida de asclepias, su planta de alimento, el uso de insecticidas, el cambio climático y la deforestación continúan poniendo en riesgo la migración. Ponce urgió a reforzar la cooperación entre Canadá, Estados Unidos y México para proteger la ruta y las zonas de hibernación.
El espectáculo migratorio es también un fuerte atractivo turístico: entre noviembre de 2025 y marzo de 2026 se esperan más de 800 mil visitantes y una derrama superior a mil millones de pesos, de acuerdo con la Secretaría de Turismo.
Los santuarios estarán abiertos en Michoacán y el Estado de México hasta el 30 de marzo de 2026.















