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Por: Jorge Antonio Cano Félix

La era digital ha traído consigo un sinfín de oportunidades, pero también retos complejos en materia de seguridad. Hace poco leí que en México, el número de usuarios de internet ascendió a 97 millones de personas durante 2023, lo que representa el 81.2% de la población mexicana, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) del Inegi. Esta cifra refleja el impacto que tiene la conectividad en la vida diaria de los mexicanos. Sin embargo, con el acceso masivo a internet, surge una creciente preocupación por la ciberseguridad, especialmente en grupos vulnerables que carecen de la educación adecuada para protegerse en línea.

A lo largo de los años, he tenido la oportunidad de analizar el impacto de la tecnología en diferentes sectores, y uno de los temas más críticos hoy en día es la falta de educación en ciberseguridad, tanto en la población en general como en sectores marginados. Las personas mayores, los niños, adolescentes y quienes viven en comunidades rurales son, sin duda, los más expuestos a las amenazas del cibercrimen debido a su falta de conocimiento en esta materia. Estos grupos enfrentan riesgos que van desde el robo de identidad hasta la extorsión, lo que pone en peligro tanto su seguridad personal como económica.

En mi experiencia, la ciberseguridad no debe ser tratada únicamente como un tema técnico o empresarial; debe ser un pilar educativo desde temprana edad. En México, el reto es grande, pero también hay avances importantes. Aquí contamos con el programa «Habilidades Digitales para Todos”, impulsado por la Secretaría de Educación Pública (SEP), que busca integrar la ciberseguridad en los planes de estudios de educación básica y media superior. Además, instituciones como la UNAM y el Tecnológico de Monterrey han desarrollado cursos y programas enfocados en fortalecer la cultura de ciberseguridad entre los jóvenes. No solo brindan herramientas para protegerse en línea, sino que también fomentan la conciencia sobre cómo identificar y prevenir fraudes digitales.

Asimismo, la implementación de programas de alfabetización digital para adultos mayores es esencial. He tenido la oportunidad de participar en talleres donde las personas de la tercera edad manifestaron su frustración ante las amenazas digitales que enfrentan, desde correos electrónicos fraudulentos hasta el mal uso de sus datos bancarios. Estos grupos no solo necesitan acceso a la tecnología, sino también una educación continua que les permita navegar de manera segura en un entorno digital cada vez más complejo.

El futuro de la educación en ciberseguridad en México debe estar marcado por una estrategia integral que incluya a todos los sectores de la sociedad. Recientemente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) reportó que invertir en ciberseguridad tiene un impacto directo en el crecimiento económico de los países, lo que refuerza la importancia de fortalecer esta área. Con la próxima administración mostrando interés en seguir desarrollando la infraestructura digital del país, se abre la puerta a una mayor inversión en educación en ciberseguridad, particularmente para los grupos más vulnerables.