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El legado de los Pacquiao ha escrito un nuevo capítulo en Temecula, California. Bajo la atenta mirada del legendario «Pacman», su hijo Jimuel Pacquiao consiguió su primera victoria en el boxeo profesional al noquear técnicamente en el segundo asalto a Darrick Gates. Tras haber debutado con un empate, el joven filipino mostró una versión mucho más serena y estratégica, logrando descifrar a un rival que, aunque más alto y experimentado en el combate a puño limpio, sucumbió ante la técnica depurada del heredero de la dinastía.

El combate comenzó con un Gates intentando imponer condiciones a través de su mayor alcance y un jab constante, aunque carente de técnica refinada. Jimuel, lejos de desesperarse, mantuvo una guardia sólida y esperó pacientemente los momentos de apertura para contragolpear. Esta madurez sobre el ring fue clave para neutralizar el estilo desordenado de su oponente, permitiéndole tomar el control de la distancia y preparar el terreno para el desenlace que llegaría de forma explosiva en el siguiente episodio.

Fue en el segundo round donde la potencia de los Pacquiao se hizo presente. Jimuel llevó a Gates contra las cuerdas y conectó una combinación letal al cuerpo que remató en la zona alta, mandando a su rival a la lona por primera vez. Aunque Gates logró levantarse en el último suspiro de la cuenta de protección, quedó visiblemente lastimado. Pacquiao Jr. no desaprovechó el momento y, tras otra ráfaga de golpes rematada con una derecha de poder al cuerpo, provocó la segunda caída, obligando al réferi a detener el combate para proteger la integridad del estadounidense.

Con este triunfo, Jimuel Pacquiao mejora su récord a 1-0-1 con 1 KO, dando un paso firme en una carrera que, si bien apenas comienza y tiene mucho por aprender, ya carga con la mística y el peso de uno de los apellidos más ilustres de la historia del pugilismo. La victoria en Temecula no solo representa su primer éxito oficial, sino la confirmación de que el trabajo junto a su padre está rindiendo frutos en la búsqueda de su propia identidad dentro del encordado. El camino es largo, pero el «pequeño Pacman» ya sabe lo que es hacer rugir a la grada con un nocaut.