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El Estadio de Patinaje de Velocidad de Milán fue testigo de una exhibición de poderío neerlandés sin precedentes. Jutta Leerdam conquistó la medalla de oro en los 1000 metros femeninos, firmando un tiempo récord de 1:12.31. La neerlandesa ejecutó una carrera impecable, manteniendo una cadencia constante que le permitió destrozar la marca olímpica que minutos antes había sido impuesta por su propia compañera de equipo, en una tarde de récords sucesivos.

El drama deportivo alcanzó su punto máximo cuando Femke Kok cruzó la meta con un espectacular 1:12.59. En ese instante, Kok celebró haber superado el histórico 1:13.19 de Miho Takagi establecido en 2022, sin imaginar que Leerdam, en el último turno, elevaría la vara aún más. Este «1-2» para Países Bajos subraya la supremacía de una nación que respira patinaje y que ha sabido reinventar su técnica para alcanzar velocidades que antes parecían inalcanzables.

Miho Takagi, la estrella japonesa que dominó la prueba hace cuatro años, completó el podio al adjudicarse el bronce. Aunque su tiempo de 1:13.95 fue insuficiente para revalidar su corona, su presencia en el podio reafirma su estatus de leyenda viva del patinaje. Sin embargo, la superioridad física de las neerlandesas en esta pista de Milán fue evidente, dejando a la defensora del título a más de un segundo de distancia de la nueva campeona olímpica.

Para Leerdam, este resultado es la respuesta a años de preparación tras su debut en Beijing, donde se quedó a las puertas del oro. Su consistencia en el circuito ISU y su capacidad para brillar bajo presión la han convertido en una figura icónica. Este récord olímpico de 1:12.31 no solo es un número en las estadísticas, sino el testimonio de una atleta que ha sabido sobreponerse a las expectativas para escribir su nombre con letras de oro en la historia de los Juegos.

La nota emotiva la puso Suzanne Schulting, quien finalizó octava en su transición a la pista larga. Tras una dura temporada marcada por lesiones, la especialista en pista corta demostró que su espíritu competitivo sigue intacto, buscando en esta modalidad una forma de mantenerse en la élite rumbo a sus próximos objetivos. Con Schulting, Kok y Leerdam, los Países Bajos han vuelto a demostrar que el óvalo de hielo es, esencialmente, territorio naranja en cualquier circunstancia.