El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, rechazó categóricamente los señalamientos emitidos por el Gobierno de Irán respecto a la presunta responsabilidad de las fuerzas estadounidenses en la muerte de civiles durante el desarrollo del conflicto armado. La postura oficial busca contener la escalada de acusaciones diplomáticas que Teherán ha llevado ante foros internacionales.

En sus declaraciones, Vance marcó una clara distancia operacional y ética entre las acciones militares de Washington y las del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC, por sus siglas en inglés). «A diferencia del IRGC, Estados Unidos nunca toma como objetivo a civiles en combate. Nunca haremos eso. Nunca lo hemos hecho», aseveró la administración norteamericana para respaldar el actuar de sus tropas.

Con esta respuesta, la Casa Blanca defiende la legitimidad de sus incursiones tácticas en la región, sosteniendo que sus operativos se apegan a los estrictos protocolos del derecho internacional humanitario. Asimismo, contrapone sus tácticas de precisión con las maniobras de la Guardia Revolucionaria iraní en medio de la creciente tensión en Oriente Medio.