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La participación de la esquiadora Eileen Gu en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026 ha trascendido las pistas para convertirse en un tema de fricción diplomática. El vicepresidente de los Estados Unidos, JD Vance, encendió el debate durante una entrevista en Fox News, cuestionando abiertamente la decisión de la atleta nacida y formada en San Francisco de representar a China en lugar de al país que le brindó educación, libertades y formación deportiva.

Vance subrayó que existe una «expectativa de representación» para quienes se han beneficiado del sistema estadounidense, sugiriendo que optar por otra bandera debería conllevar una respuesta o, al menos, un escrutinio por parte del gobierno. Aunque evitó pronunciarse sobre cambios en el estatus legal de Gu, delegando esa responsabilidad al Comité Olímpico Internacional (COI), sus palabras refuerzan un clima de creciente tensión hacia los atletas que priorizan intereses externos o emiten posturas políticas críticas durante la justa olímpica.

Desempeño Deportivo y la Sombra de los Incentivos

En lo estrictamente deportivo, Eileen Gu continúa demostrando por qué es una de las figuras más dominantes del esquí acrobático, aunque en esta edición la gloria dorada se le ha escapado por poco: Actualmente ha conseguido dos medallas de plata en los eventos de Final Big Air y Final Slopestyle.

Sin embargo, sus logros están bajo la lupa mediática debido a reportes del Wall Street Journal. Se estima que Gu y otros atletas estadounidenses han recibido pagos millonarios por parte de autoridades chinas para asegurar resultados de élite. Mientras Gu sostiene que su motivación es «inspirar a las jóvenes en China», sus detractores en EE. UU. ven en estas transacciones una transacción comercial que compromete su identidad nacional.

El factor político en Milán-Cortina

Este choque de posturas ocurre en un momento delicado para el deporte global. La administración estadounidense ha mantenido una vigilancia estricta sobre sus ciudadanos en el extranjero, especialmente en un evento de la magnitud de Milán-Cortina 2026, donde las declaraciones políticas pueden tener repercusiones inmediatas. Para Gu, el desafío no solo está en el Halfpipe de mañana, sino en navegar una tormenta mediática que cuestiona si su legado es el de una pionera deportiva o el de una pieza en un complejo tablero geopolítico.