Lo ocurrido en Londres este martes fue una exhibición de lo que significa la excelencia japonesa en todos los sentidos. Mientras en el terreno de juego los dirigidos por Hajime Moriyasu silenciaban a la multitud con un fútbol vertical y efectivo, en las tribunas se gestaba otra victoria: la del civismo. Tras el silbatazo final que decretó el 0-1 a favor de los visitantes, los hinchas del Sol Naciente sacaron bolsas para recolectar la basura, dejando las zonas de la afición visitante en un estado de limpieza impecable.
Este comportamiento ha dejado de ser una sorpresa para convertirse en una tradición admirada en cada evento deportivo de élite. Ya sea en un Mundial de Fútbol o en el Clásico Mundial de Beisbol, la afición japonesa mantiene su fama de pulcritud, recogiendo residuos de comida y envases plásticos sin importar la euforia del triunfo. El gesto fue tan impactante que la cuenta oficial de Wembley agradeció públicamente a los seguidores asiáticos, un honor que pocas aficiones en el mundo logran recibir en este tipo de recintos.
En el plano estrictamente futbolístico, el conjunto nipón demostró por qué es el «caballo negro» de muchos analistas para la próxima Copa del Mundo. El gol de la diferencia llegó temprano en el partido, cuando Kaoru Mitoma aprovechó un espacio al minuto 23′ para vencer al guardameta inglés tras un contragolpe quirúrgico. A partir de ahí, la disciplina defensiva de los Samuráis fue una muralla inquebrantable que frustró cada intento de reacción por parte de los dirigidos por Thomas Tuchel.
Con este triunfo ante una de las potencias de la UEFA, Japón cierra su preparación de marzo con notas sobresalientes. El equipo no solo tiene talento individual, sino una cohesión grupal que se refleja tanto en el orden táctico como en el comportamiento de su gente. Se despiden de Wembley con una victoria histórica en el currículum y una lección de modales que debería servir de espejo para todas las aficiones del mundo que se darán cita en Norteamérica durante el verano de 2026.






