El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel rechazó categóricamente los señalamientos del Comité Ministerial Árabe sobre la situación en Jerusalén, catalogando el pronunciamiento de la bancada regional como un texto «fundamentado en premisas falsas, tergiversaciones históricas y una absoluta omisión de la realidad», según un mensaje difundido a través de la plataforma X.
La reacción del gobierno israelí se produce tras un encuentro de cancilleres árabes en Amán, donde los representantes diplomáticos criticaron el incremento de las normativas e intervenciones del Estado judío en la zona y acordaron articular una estrategia diplomática unificada. La agrupación diplomática reúne a delegados de Jordania, Qatar, Arabia Saudita, Egipto y Palestina, con el respaldo de la Liga Árabe.
Frente a la postura de la cumbre, las autoridades israelíes sostuvieron que la urbe constituye la «capital indivisible del Estado de Israel» y ratificaron que garantizan tanto la libertad religiosa como el statu quo existente en el Monte del Templo (la Mezquita de Al-Aqsa). Asimismo, la cancillería recriminó a las naciones árabes por omitir deliberadamente el vínculo histórico ancestral que une a la comunidad judía con Jerusalén y sus espacios de culto más relevantes.









