Teherán. — El régimen iraní atraviesa uno de sus momentos más críticos desde la Revolución Islámica de 1979, tras una ola de protestas que estalló el 28 de diciembre en respuesta a la grave crisis económica que enfrenta la nación. Las manifestaciones evolucionaron hacia un movimiento, principalmente juvenil, contra los pilares ideológicos del poder religioso en Teherán.
En los primeros 12 días de movilizaciones, al menos 45 manifestantes, incluidos ocho niños, fallecieron y cientos resultaron heridos, de acuerdo con la ONG Iran Human Rights (IHRNGO).
Solo el miércoles se registraron 13 fallecidos, lo que lo convierte en el día más sangriento hasta ahora. Además, desde el inicio de las manifestaciones, que se han extendido a 31 provincias y unas 110 ciudades, las autoridades han detenido a más de 2 mil personas.
La ONG denunció que las fuerzas de seguridad han recurrido a munición real, detenciones masivas y represión generalizada, mientras que el acceso a Internet fue interrumpido desde la noche del jueves.
IHRNGO calificó el uso de armas militares contra manifestantes como un “crimen internacional” y exigió una respuesta inmediata de la comunidad internacional.
“La magnitud de la represión se vuelve cada día más violenta y extensa”, afirmó su director, Mahmud Amiry-Moghaddam.
Los disturbios comenzaron en el Gran Bazar de Teherán, impulsados por el desplome del rial, una inflación de hasta 70% en alimentos básicos y el deterioro del poder adquisitivo. A ello se suman las sanciones internacionales, el señalamiento sobre el programa nuclear iraní y una severa sequía que incluso amenazó con la evacuación de la capital.
Los medios estatales informaron, por su parte, de la muerte de cinco miembros de las fuerzas de seguridad durante los enfrentamientos.






