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Teherán.— Irán conmemoró este miércoles el 47 aniversario de la Revolución Islámica en uno de sus momentos más críticos, marcado por la represión de las protestas de enero, una grave crisis económica y las amenazas militares de Estados Unidos, que evalúa enviar un segundo portaaviones al golfo Pérsico.

Miles de personas marcharon en decenas de ciudades al grito de “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Trump”, en manifestaciones organizadas por el Estado para proyectar apoyo popular al régimen. 

En la plaza Azadi de Teherán, familias posaron frente a misiles iraníes y restos de supuestos drones israelíes derribados durante la guerra de junio entre Irán e Israel, rodeados de banderas y retratos del líder supremo Ali Jameneí.

Las celebraciones contrastaron con el contexto de violencia, escasez de agua y electricidad, economía en declive y el temor a una intervención estadounidense si no se alcanza un acuerdo nuclear. Washington ya desplegó al golfo Pérsico el portaaviones USS Abraham Lincoln y estudia reforzar su presencia militar.

La tensión disminuyó tras la reanudación de negociaciones entre ambos países, aunque persisten diferencias sobre el enriquecimiento de uranio, el programa de misiles iraní y el respaldo a grupos regionales. 

El presidente de Irán,  Masud Pezeshkian reiteró que Irán no busca armas nucleares y se dijo dispuesto a aceptar “cualquier verificación” de su programa nuclear.

Protestas marcadas por la represión

El aniversario ocurre después de las protestas iniciadas el 28 de diciembre, que comenzaron por la caída del rial y derivaron en un movimiento contra el régimen, reprimido violentamente. 

El Gobierno reconoce 3 mil 117 muertos, mientras que la ONG HRA eleva la cifra a 6 mil 984 y mantiene más de 11 mil 600 casos en verificación, además de estimar 51,000 arrestos.

Pezeshkian llamó a la unidad nacional, reconoció el “gran dolor” causado por la crisis y ofreció disculpas por la situación que enfrenta el país.