La campaña para las elecciones presidenciales de Brasil inició oficialmente con una fuerte polarización política y un empate técnico en las encuestas entre el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro de cara a una eventual segunda vuelta.
De acuerdo con el más reciente sondeo de la firma Quaest, el presidente Lula lidera las preferencias con el 43% de las intenciones de voto frente al 40% obtenido por Flávio Bolsonaro. Al situarse la diferencia dentro del margen de error de dos puntos porcentuales, la contienda se proyecta cerrada, colocando el foco de atención en el 4% de los electores que se declaran indecisos.
Para el inicio de sus actividades de proselitismo, los candidatos eligieron sitios con alto significado político personal. El mandatario brasileño optó por comenzar su recorrido en São Bernardo do Campo, municipio en las afueras de São Paulo que representa la cuna del movimiento sindical que lideró en la década de 1970. Por su parte, Flávio Bolsonaro programó su primer gran mitin en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, considerado el bastión electoral de su familia.
La candidatura de Flávio Bolsonaro surge tras la inhabilitación política y encarcelamiento de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, por su implicación en el intento de golpe de Estado. Aunque dentro del espectro conservador han emergido otras aspiraciones presidenciales, ninguna de las alternativas ha logrado rebasar el 5% de la preferencia electoral.









