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Un reciente informe de la Administración de Control de Drogas (DEA) de los Estados Unidos, al cual tuvo acceso el medio Infobae, ha revelado una compleja red de cooperación transcontinental entre el régimen de Nicolás Maduro y la República Islámica de Irán. El documento detalla cómo la dictadura venezolana se consolidó como un centro logístico, financiero y documental para grupos terroristas como Hezbollah y Hamás, facilitando el lavado de dinero y la emisión de más de 15,000 pasaportes irregulares a operativos extranjeros.

Cooperación militar y recursos estratégicos

La investigación de la DEA, revelada por Infobae, enumera áreas críticas de colaboración, destacando la transferencia de tecnología militar. Irán suministró a Venezuela drones de diseño avanzado (como los modelos Mohajer y Shahed) y misiles antibuque, permitiendo a Teherán proyectar su poder militar en el hemisferio occidental. Asimismo, se revela un levantamiento geológico en la Cuenca de Roraima, con el objetivo de suministrar hasta 75,000 toneladas de uranio al programa nuclear iraní, utilizando embarcaciones de PDVSA para el contrabando de materiales sensibles.

Evasión de sanciones y represión

El informe describe una arquitectura financiera de 2 mil millones de dólares diseñada para eludir las sanciones internacionales a través de bancos en Panamá, Dubái y Hong Kong. Además, se confirma la presencia de oficiales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en suelo venezolano, quienes brindaron asesoría directa en tácticas de represión interna. Estas operaciones, disfrazadas bajo la fachada de «proyectos industriales socialistas», permitieron la desviación masiva de recursos hacia el eje Caracas-Teherán.

Estas revelaciones han intensificado el debate sobre la seguridad nacional en Washington, subrayando el impacto de esta alianza en la estabilidad de América Latina y el Caribe, así como sus implicaciones en la geopolítica global contemporánea.