Los incendios forestales que azotan Europa este verano no solo devastan hectáreas de vegetación, sino que han reactivado una amenaza latente: miles de artefactos explosivos sin detonar de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Las extremas temperaturas, causadas por la sequía, la baja humedad y vientos intensos, han provocado detonaciones involuntarias de minas y bombas oxidadas en países como Francia, Bélgica, Alemania y los Países Bajos.
Sarah Njeri, experta en paz y conflictos de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres, advierte que el cambio climático está rompiendo el equilibrio que mantenía inactivas estas armas bajo tierra. Además, las lluvias intensas de enero fomentaron un crecimiento vegetal que hoy sirve de combustible para el fuego.
En la provincia belga de Lieja, escenario de la Batalla de las Ardenas, se han registrado explosiones en los densos bosques de High Fens. Esta zona histórica alberga el recuerdo de sangrientos combates como el del bosque de Hürtgen y la cresta de Elsenborn, batallas de 88 días que dejaron un saldo aproximado de 33,000 soldados estadounidenses y 28,000 alemanes fallecidos.
Mientras los equipos de emergencia enfrentan el riesgo de detonaciones al sofocar las llamas, el descenso en los cauces de ríos y lagos continúa dejando al descubierto más armamento bélico.









