Esta declaración de Christian Horner pone fin a una de las especulaciones más grandes en la historia reciente de la Fórmula 1. Tras su abrupta salida de Red Bull Racing en julio de 2025, el directivo británico ha aprovechado los reflectores de la nueva temporada de Drive to Survive para limpiar el nombre de Max Verstappen, asegurando que el piloto neerlandés no tuvo ninguna injerencia en su despido.
Horner ha sido tajante al explicar que los hilos de su salida se movieron en las oficinas de Austria y no en el garaje. Según su versión, la muerte de Dietrich Mateschitz alteró el equilibrio de poder en la organización, lo que llevó a Oliver Mintzlaff y Helmut Marko a considerar que su liderazgo de dos décadas se había vuelto «demasiado influyente». Para Horner, su salida fue el resultado de una reestructuración política interna diseñada para redistribuir el control que él había consolidado desde la fundación del equipo.
A pesar de las fricciones públicas que mantuvo con Jos Verstappen a inicios de 2024, Horner aclaró que el entorno de Max nunca pidió su cabeza. De hecho, describió la frialdad de su despido como un «sándwich de mierda», una expresión cruda que refleja la frustración de no haber podido despedirse del equipo al que llevó a la cima con múltiples campeonatos de constructores y pilotos.
La era post-Horner en Red Bull ha comenzado oficialmente bajo el mando de Laurent Mekies, quien dejó su puesto en RB (antes AlphaTauri) para asumir la dirección del equipo principal. Esta transición marca el inicio de una etapa desconocida para la escudería de Milton Keynes, que por primera vez en su historia no cuenta con la figura de Horner en el muro de pits.









