El Albacete ha hecho historia al eliminar al Real Madrid de la Copa del Rey por primera vez en más de tres décadas. Dirigidos por Alberto González, los manchegos jugaron con el corazón y la táctica perfecta para exponer las carencias de un Madrid que parece haber perdido el rumbo tras la salida de Xabi Alonso. La victoria por 3-2 no fue casualidad, sino el resultado de un Albacete que supo sufrir y castigar los errores infantiles de una defensa blanca totalmente desbordada.
Jefté Betancor se convirtió en el héroe local al marcar dos goles que ya son parte de la leyenda del Carlos Belmonte. El delantero, rescatado del fútbol griego hace meses, demostró una frialdad absoluta para batir a Andriy Lunin en momentos críticos. El segundo de sus goles, una parábola bombeada que superó a Carvajal y al portero ucraniano en el último suspiro, desató una invasión de júbilo contenida por años ante los gigantes del fútbol español.
Por parte del Madrid, los goles de Mastantuono y el canterano Gonzalo García fueron meros espejismos en un partido donde los blancos nunca tuvieron el control real. La falta de verticalidad y la espesura en el mediocampo confirmaron que el cambio de técnico no ha sido, por ahora, la solución mágica que esperaba Florentino Pérez. Arbeloa apostó por siete canteranos en la convocatoria, pero la mezcla de juventud y suplentes no tuvo la jerarquía suficiente para imponerse en un campo hostil.
El ambiente en Albacete también estuvo marcado por la polémica, con reportes de cánticos racistas dirigidos hacia Vinícius Jr., quien fue titular pero tuvo una actuación discreta. El brasileño, llamado a ser el líder ante las ausencias de los titulares habituales, no pudo desequilibrar ante la marca escalonada del Albacete. Esta eliminación agrava la crisis institucional y deportiva de un club que se encuentra en su momento más bajo de los últimos cinco años.

A partir de mañana, el Real Madrid inicia una carrera contra el reloj para recuperar la moral de sus jugadores. La eliminación en Copa es un fracaso mayúsculo que obliga a ganar la Champions o la Liga para evitar un año en blanco que sería imperdonable. El Albacete, por su parte, celebra su regreso a unos Cuartos de Final por primera vez desde la temporada 1994-95, demostrando que en la Copa del Rey, el David siempre tiene una piedra lista para el Goliat.





