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De acuerdo con un reporte exclusivo del Wall Street Journal, funcionarios del Pentágono confirmaron que las fuerzas estadounidenses se vieron obligadas a destruir dos de sus propias aeronaves durante la crítica misión de rescate de un piloto en el sur de Irán. Esta medida fue tomada para evitar que tecnología clasificada y equipos de comunicaciones sensibles cayeran en manos del régimen de Teherán tras la exitosa extracción del oficial de sistemas de armas del F-15E derribado.

La operación de rescate, que el presidente Donald Trump calificó como una de las más audaces de la historia, implicó un despliegue masivo en una base de operaciones avanzada cerca de Isfahán. Según el informe, tras enfrentar un intenso tiroteo y asegurar a la tripulación, los equipos de operaciones especiales procedieron a demoler las aeronaves —identificadas previamente como un avión de transporte C-130 y dos helicópteros Blackhawk— al quedar estas inhabilitadas para un despegue inmediato bajo fuego hostil.

Esta revelación contradice la versión oficial de los medios estatales iraníes, quienes han difundido imágenes de los restos calcinados alegando que las unidades fueron derribadas por sus sistemas de defensa antiaérea. El costo material de la misión, que ahora yace en el desierto iraní, es visto por los altos mandos del Pentágono como un precio necesario para garantizar la seguridad de la tecnología del 160.º