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La inteligencia de Rusia detuvo a un guardia ruso que laboraba en la embajada británica en Moscú, bajo la acusación de haber sido reclutado por Ucrania para perpetrar un atentado de falsa bandera contra el embajador del Reino Unido. Mediante un comunicado oficial, el Servicio Federal de Seguridad (FSB) detalló que el agente recibió órdenes de un bloguero vinculado al servicio de seguridad ucraniano (SBU) para vigilar las instalaciones y registrar los protocolos de seguridad.

De acuerdo con las indagatorias del FSB, el objetivo de Kiev era emplear dichos datos para ejecutar actos de sabotaje y ataques terroristas contra el jefe de la misión diplomática británica y su equipo, buscando incriminar posteriormente a Moscú. Hasta el momento, las autoridades de Kiev y Londres han evitado emitir una postura oficial al respecto.

Este escenario se desarrolla mientras el Reino Unido se consolida como uno de los principales soportes militares y financieros de Ucrania. Los vínculos entre Rusia y Londres arrastran un historial de profunda hostilidad, acentuado desde antes de la ofensiva rusa en 2022 por casos emblemáticos de espionaje y atentados en territorio británico, como los envenenamientos de Alexander Litvinenko en 2006 y Sergei Skripal en 2018.

En paralelo, las tensiones de contrainteligencia se reflejan también en el ámbito judicial británico, donde los fiscales formularon cargos contra un ciudadano británico de 31 años por presuntamente establecer contacto con un representante del servicio de inteligencia militar ruso (GRU).