Las delegaciones comerciales de Estados Unidos y China acordaron una tregua temporal en su disputa económica, comprometiéndose a suspender la aplicación de nuevos aranceles e impuestos sobre diversos sectores clave de exportación. La resolución se alcanzó tras intensas jornadas de negociación de alto nivel, con el objetivo primordial de estabilizar las cadenas globales de suministro y frenar el impacto inflacionario que el diferendo venía generando en los mercados internacionales.
El entendimiento entre Washington y Pekín contempla la creación de mesas de trabajo bilaterales dedicadas a supervisar los avances en materia de transferencia tecnológica, subsidios industriales y barreras de acceso a los mercados. Ambas potencias acordaron flexibilizar progresivamente las restricciones regulatorias para las operaciones operativas de sus empresas multinacionales, evitando medidas coercitivas unilaterales mientras se extiendan las conversaciones bilaterales.
El pacto trae un importante alivio al comercio mundial y a los mercados bursátiles, que venían operando con cautela ante el peligro de una nueva escalada en la guerra tarifaria. Aunque el acuerdo no resuelve las tensiones estructurales de fondo entre los dos gigantes económicos, la tregua abre un espacio de certidumbre para la inversión privada y la planeación logística global a corto plazo.








