La crisis en el Golfo Pérsico se profundiza tras la decisión de Arabia Saudí de declarar «personas non gratas» a los miembros de la embajada iraní en Riad, incluido su agregado militar. El reino saudí ordenó la salida inmediata de los funcionarios en un plazo de 24 horas, sumándose a las represalias diplomáticas contra el régimen de Teherán.
Esta medida emula la acción tomada previamente por Catar, nación que también expulsó a los agregados militares y de seguridad de la embajada iraní en Doha. La ruptura ocurre como respuesta directa al ataque de Irán contra la principal instalación de gas catarí, agresión que Teherán justificó como represalia por una supuesta ofensiva israelí contra el yacimiento de gas South Pars.
Con estas expulsiones, el bloque regional eleva la presión política sobre Irán en medio de hostilidades que amenazan la estabilidad energética en Oriente Medio.






