En una exhibición de maestría técnica, Elana Meyers Taylor conquistó su primera medalla de oro olímpica en la prueba de monobob femenino. A sus 41 años, la estadounidense no solo rompió la sequía del metal dorado en su quinta participación, sino que se convirtió en la campeona olímpica individual de mayor edad en la historia de los Juegos de Invierno, un hito que redefine los límites de la longevidad en el deporte de élite.
La victoria fue un ejercicio de nervios de acero. Meyers Taylor detuvo el cronómetro en un tiempo total de 3:57.93 tras cuatro mangas de infarto, superando a la alemana Laura Nolte por un margen ínfimo de 0.04 segundos. Con este triunfo, Elana alcanzó su sexta medalla olímpica (1 oro, 3 platas y 2 bronces), igualando a la legendaria patinadora Bonnie Blair como la mujer estadounidense más laureada en la historia de las justas invernales.

Sin embargo, la verdadera magnitud de su hazaña se vivió fuera del trineo. Al cruzar la meta, Elana protagonizó el momento más conmovedor de los Juegos al comunicarse mediante Lengua de Señas Americana (ASL) con sus hijos, Nico y Noah, quienes padecen pérdida auditiva profunda. Entre lágrimas de alegría, la campeona se arrodilló para hacerles la señal de «¡Mami ganó!», cumpliendo la promesa que les había hecho esa misma mañana cuando les enseñó las señas para «medalla de oro».
La trayectoria de Meyers Taylor es un testimonio de lucha contra la adversidad. Además de ser una madre dedicada su hijo Nico también tiene síndrome de Down, Elana ha superado lesiones graves y barreras raciales en un deporte históricamente poco diverso. Viajando por el mundo con sus hijos y un extractor de leche a cuestas, ha demostrado que la maternidad y el alto rendimiento no son excluyentes, convirtiéndose en una voz global por los derechos de las personas con discapacidad.
Este oro en Italia no es solo el cierre perfecto para una carrera legendaria, sino un mensaje de esperanza para miles de familias. Ver a su hijo Noah replicar la seña de «campeón» mientras sostenía la medalla de su madre fue la imagen que resumió la esencia de estos Juegos: el triunfo del espíritu humano sobre cualquier limitación física o cronológica. Elana Meyers Taylor se marcha de Milano-Cortina no solo como una reina del hielo, sino como un icono de la inclusión universal.







