El conflicto armado en Etiopía sufrió un grave escalamiento luego de que el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) declarara una «guerra abierta» contra el Gobierno federal. La ofensiva rebelde tomó fuerza tras la captura de tres aeropuertos estratégicos y el avance coordinado de sus tropas hacia las regiones vecinas de Afar y Amhara, reavivando los enfrentamientos en el cuerno de África.
En respuesta a la incursión, las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía intensificaron los combates en el frente norte. El Ejército etíope informó que logró abatir a 272 combatientes rebeldes durante intensos enfrentamientos registrados en las cercanías de la ciudad histórica de Lalibela, un punto clave en la región de Amhara.
La reactivación de las hostilidades a gran escala genera alarma internacional por el impacto directo en la población civil y el potencial desplazamiento masivo en las zonas de combate. La toma de infraestructura aeroportuaria por parte del TPLF compromete la logística oficial y la llegada de asistencia humanitaria, complicando aún más la estabilidad política de la región.








