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En los últimos días, el Congreso canadiense discute un proyecto de ley fronteriza que, entre otras cosas, endurecería la forma de analizar las solicitudes de refugio que realizan los extranjeros. Ello responde en parte al creciente rechazo de los canadienses a los migrantes y, específicamente, a los refugiados. Hasta ahora, el sistema migratorio de ese país es muy benévolo con los solicitantes y les otorga muchas finalidades; esto es un incentivo para que muchos inicien el proceso para así recibir los beneficios durante un tiempo, incluso sabiendo que, a final de cuentas, la resolución será negativa.

El endurecimiento de las condiciones para solicitar refugio no es un fenómeno exclusivo de Canadá, sino que se replica en casi todos los países receptores de migrantes. El régimen internacional sobre los refugiados necesita una revisión urgente para responder a una realidad en que los desplazamientos masivos de personas seguirán presentándose.

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, el acuerdo internacional más importante sobre el tema, surgió en la posguerra temprana (1951) y en principio sólo aplicaba a Europa, donde existían muchos movimientos de personas desplazadas y perseguidas a consecuencia de la Segunda Guerra mundial; posteriormente, la Convención fue adoptada por casi todos los países del mundo. Este instrumento respondía a las personas que se veían en la necesidad de huir de sus países de origen principalmente a causa de la guerra, y la correlativa obligación de otros países de recibirlos y brindarles una protección que necesitaban urgentemente.

La finalidad primordial del refugio[i] es evitar que una persona sea devuelta a un país donde su vida o integridad corren peligro (Principio de no devolución).

Con el tiempo, las causas por las cuales una persona podía acceder a la calidad de refugiado se ampliaron; ya no se trataba solamente de personas que huían de conflictos armados, sino de personas cuya vida o integridad física se encontraba en riesgo a causa de violencia doméstica, o por amenazas de la delincuencia organizada o por la pérdida de su hogar y su medio de vida a consecuencia de desastres naturales, entre otras posibilidades.

De 2000 a 2020 se presentaron varios desastres naturales y conflictos armados, como la guerra civil siria (2011), el arribo de Nicolás Maduro al poder (2013) o la invasión rusa a Ucrania (2022), que, literalmente, forzaron a millones de personas, a buscar refugio en otros países. Los gobiernos de los Estados receptores, incluso países ricos, comenzaron a tener problemas para integrar a los refugiados y las poblaciones locales reaccionaron negativamente ante la presencia de miles de personas sin empleos, sin hogar, que hablan lenguas y practican costumbres diferentes. Poco a poco, se empezó a buscar formas de detener el arribo de refugiados, pero sin violar la letra de la Convención sobre el Refugio y el principio de no devolución.

Así por ejemplo, algunos países con altos números de solicitudes de refugio optaron por la firma de los llamados “Acuerdos de tercer país seguro” o mecanismos similares, como el  firmado entre Australia y Papúa Nueva Guinea; otro caso es el de la Unión Europea, que tiene uno celebrado con Turquía; o Estados Unidos, que recientemente firmó uno con Guatemala y mantiene otro con Canadá desde hace varios años. Estos acuerdos respetan en apariencia el régimen del refugio y el principio de no devolución, porque retornan a los solicitantes a otro país que no es su país de origen, y presuponen que este tercer país es seguro para ese solicitante en particular. Si bien estos acuerdos podrían cumplir con la letra del derecho internacional, en realidad han contribuido a menoscabar el propósito del refugio, que es proporcionar a personas en alto grado de vulnerabilidad, la posibilidad de asentarse en un país donde puedan rehacer su vida.

Los canadienses eran tradicionalmente más empáticos con los migrantes en general; sin embargo, después de la pandemia el debate público comenzó a centrarse en la necesidad de detener el flujo de refugiados. Algunos líderes de opinión y políticos cedieron a la tentación de culpar a los migrantes de una serie de problemas como la falta de vivienda asequible y de atención médica, entre otros. Un porcentaje importante de la población comenzó a exigir que se otorgaran menos beneficios a los refugiados y que se limitara el número aceptados anualmente.

En Canadá, los migrantes mexicanos se convirtieron de inmediato en uno de los grupos más señalados como problemáticos. En el año 2015, cuando el liberal Justin Trudeau se convirtió en Primer Ministro, Canadá retiró el requisito de visa a los visitantes mexicanos. En poco tiempo, el número de personas que arribaban a Canadá en calidad de turistas para luego solicitar refugio cuando entraban al país, creció exponencialmente. Entre la comunidad de personas que deseaban emigrar se corrió el mensaje de que quien deseara tener un trabajo temporal en Canadá, sólo necesitaba llegar como turista, presentar una historia creíble sobre el riesgo que corría en México y solicitar refugio. El benévolo sistema canadiense facilitaba a los solicitantes la posibilidad de rentar una vivienda, obtener servicio médico gratuito y un permiso de trabajo durante el tiempo necesario para procesar la solicitud de refugio. Este proceso puede extenderse por varios años. Pero de acuerdo con estadísticas del gobierno canadiense, los mexicanos eran la nacionalidad con el menor porcentaje de solicitudes de refugio concedidas[ii] Esto se interpretó por muchos expertos en migración como una muestra de que los mexicanos solicitaban refugio sin cumplir los requisitos para ello.

El Primer Ministro Trudeau, en el ocaso de su mandato, cuando su popularidad se encontraba en el punto más bajo y sujeto a la presión tanto de la oposición como de gobiernos locales como el de Quebec, decidió imponer nuevamente el requisito de visa a los mexicanos, para así intentar detener el flujo de personas que ingresaban como turistas, pero con la verdadera intención de solicitar refugio. Después de la imposición de la visa, las solicitudes de refugio de mexicanos disminuyeron 97% entre febrero y marzo de 2024; al mismo tiempo el porcentaje de solicitudes concedidas aumentó considerablemente, por lo que el gobierno canadiense considera que la imposición de la visa incrementó la efectividad del sistema de refugio.

En muchos países como Reino Unido, Alemania, Suecia, Holanda, Estados Unidos, por supuesto y ahora Canadá, se busca endurecer las condiciones para solicitar refugio. Si queremos que esta figura, que históricamente permitió reasentar y proteger a poblaciones vulnerables continúe existiendo, tiene que modificarse su funcionamiento. Tal como fue pensada, la calidad de refugiado no responde a la realidad actual. Es necesario plantear un nuevo consenso entre las naciones, tanto las expulsoras de migrantes, las receptoras y las de tránsito, buscando que sólo soliciten refugio quienes verdaderamente lo necesiten. Quienes deciden migrar por razones económicas u otras causas legítimas deberían poder hacerlo con relativa facilidad y, dejar el mecanismo del refugio a quienes realimente lo necesitan.


[i] Hasta ahora, el sistema migratorio de ese país es muy benévolo con los solicitantes y muchos abandonan el proceso antes de que concluya o bien, se concluye que no corrían riesgo en su país de origen.

[ii] https://irb-cisr.gc.ca/en/statistics/protection/Pages/index.aspx

Alfonso Vera Sánchez

Alfonso Vera Sánchez es Licenciado en Derecho por la UNAM, Maestro en Cooperación Internacional para el Desarrollo por el Instituto Mora, y ha trabajado en la Secretaría de Educación Pública, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Es miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 2010, donde se ha desempeñado como Cónsul de Protección en Nogales, Cónsul de Documentación en Chicago y Director de Litigios en la Consultoría Jurídica de la SRE. Actualmente es Encargado de Asuntos Legales en la Embajada de México en Canadá.