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Durante su gobierno el presidente López Obrador ha sostenido que en su administración prefiere y por ello prevalece como concepto, la lealtad por encima de la eficiencia, hasta que “Otis” azoto Acapulco, porque al menos antes la incapacidad no había cobrado tantas vidas.

El mega huracán por su tamaño y fuerza hay que decirlo, necesariamente iba como lo hizo, a causar la devastación del puerto y sus alrededores, pero en su momento y hace ya muchos años de eso, lo hicieron “Gilberto” y “Wilma” en Quintana Roo en donde solo una persona falleció durante el primero de esos dos ciclones, básicamente porque en plena tormenta salió al puerto a amarrar su barco.

La diferencia radica entonces en la prevención porque, aunque el debate hoy es que no se aviso a tiempo, la realidad es que no se activaron los protocolos de protección civil correspondientes, el fenómeno meteorológico tomo a todas las autoridades las de los tres niveles de gobierno, desprevenidas y diría a título personal, sin importarles.

Esto por supuesto obedece esencialmente a la inexperiencia, la falta de atención, la irresponsabilidad y peor aun a la carencia absoluta de compromiso con el deber de cumplir las funciones de autoridad en el momento en que esta en peligro la vida de los ciudadanos.

Situación que pone de manifiesto que este régimen pondera sus prioridades en una escala errática y que, si bien lo ha hecho a lo largo de lo que va del sexenio, nunca lo había demostrado como en esta tragedia, que pesara en la memoria de su recuerdo como uno de sus peores lastres.

Es el imperio de la mediocridad, en el que los resultados de la gestión gubernamental pasan a segundo termino porque no se miden y cuando lamentablemente surgen situaciones extremas como esta se obvian y se tergiversa la narrativa para imponer el discurso de la victimización, porque lo único que importa es intentar sostener la popularidad.

Un gobierno que solo piensa en votos los gana entregando apoyos, pero también los pierde cuando falla en lo esencial, cuando es mezquino con la tragedia humana, cuando abandona a su suerte a su población mas aun en medio de sus peores momentos.

No se trata de polarizar y contrastar con su oposición, porque en esta coyuntura lo fundamental es unificar en torno al rescate de la gente, que naturalmente esta abandonada, enojada en estado de indefensión y a la que muy poco o nada le puede importar la propaganda electoral.

De momento es difícil saber el impacto político-electoral que “Otis” tendrá el año próximo en los comicios, pero lo que no esta en duda es que el que sea, influirá no solo en Guerrero, traspasara sus fronteras porque la decepción y el coraje son nacionales.

Morelos con M de Margarita.

El acuerdo del INE que impone que la paridad de genero en las candidaturas por las nueve gubernaturas que se disputarán el año próximo, que obliga a postular cinco mujeres y cuatro hombres por cada fuerza política o coalición en competencia, permite antes del próximo viernes 10 de noviembre, fecha en que se darán a conocer oficialmente quienes serán los nominados, a descifrar ya algunas de esas candidaturas.

En el caso del estado de Morelos esta circunstancia solo viene a confirmar lo que se entendía de por si como un hecho consumado, nos referimos a que en esa entidad la abanderada de la 4T será Margarita González Saravia.

Independientemente del genero y de que en Morelos Morena y aliados llevan considerable ventaja frente a su oposición, Margarita González siempre se mantuvo arriba en las preferencias locales, supo construir acuerdos con las diversas fuerzas políticas, pero sobre todo tuvo y supo conservar durante el proceso electivo, el respaldo personal del presidente López Obrador y de Claudia Sheinbaum.