Por: Jorge Antonio Cano Félix
El uso de la inteligencia artificial (IA) en la educación superior se ha convertido en una necesidad estratégica para optimizar procesos y mejorar la experiencia educativa. En México, universidades como la UNAM, el IPN y el Tecnológico de Monterrey están incorporando estas herramientas para enfrentar los retos del aprendizaje digital. Este avance refleja una tendencia global hacia la automatización y personalización del conocimiento, redefiniendo cómo aprendemos y evaluamos.
He podido conversar con docentes que ven en la IA tanto una oportunidad como un reto. Modelos de IA generativa, como el procesamiento de lenguaje natural, ya permiten personalizar rutas de aprendizaje y automatizar tareas administrativas. Sin embargo, su uso plantea desafíos éticos, especialmente en la evaluación académica. Un ejemplo relevante es Turnitin, que desarrolló un detector de textos generados por IA, subrayando la importancia de la integridad académica y el pensamiento crítico en este nuevo contexto.
Un caso relevante es el de Turnitin, una plataforma utilizada en múltiples universidades de México y América Latina, que ahora cuenta con un detector capaz de identificar textos generados por IA. Esto demuestra que, más allá de la innovación, las instituciones deben afrontar nuevos desafíos en la evaluación académica, donde la creatividad y el pensamiento crítico se vuelven fundamentales para evitar el uso indebido de estas tecnologías.
Sin embargo, una de las ventajas más destacadas de la IA es su capacidad para personalizar la enseñanza. Herramientas basadas en IA permiten a los profesores diseñar rutas de aprendizaje adaptadas a las necesidades de cada estudiante, ajustando el ritmo y el nivel de dificultad del contenido. De acuerdo con la UNESCO, esta personalización contribuye a mejorar los resultados académicos y aumenta la motivación de los alumnos. En países como Estonia, la integración de plataformas educativas inteligentes ha transformado la interacción entre estudiantes y docentes, logrando que las tasas de deserción escolar disminuyan significativamente.
En México, varias universidades han empezado a explorar el potencial de estas tecnologías. Por ejemplo, la Universidad Anáhuac ya se prepara para lanzar diplomados en inteligencia artificial aplicada a la educación, buscando preparar a docentes y estudiantes para enfrentar los desafíos que plantea este nuevo entorno educativo.
Una de las preocupaciones más relevantes es cómo garantizar la integridad en un entorno en el que la IA se convierte en un actor clave del proceso educativo. El uso inadecuado de IA en tareas y evaluaciones plantea preguntas difíciles sobre la autoría y la autenticidad del trabajo académico. Es fundamental que las instituciones promuevan un uso ético de estas herramientas, educando tanto a estudiantes como a profesores sobre sus límites y capacidades. Como bien señala Ernesto Priani, investigador en la UNAM, la IA debe ser vista como un recurso de apoyo, no como un sustituto de la interacción humana en el aula.
Otro reto es la falta de capacitación docente y la resistencia al cambio, aspectos que son obstáculos que deben ser superados para que las universidades aprovechen al máximo el potencial de estas tecnologías. Asimismo, es crucial asegurar que las instituciones cuenten con las plataformas adecuadas para proteger la privacidad de los estudiantes y gestionar de manera eficiente los datos educativos.
La inteligencia artificial no es solo una herramienta; es un catalizador para el cambio. Con la combinación adecuada de tecnología, capacitación y políticas institucionales, México tiene la oportunidad de liderar en la implementación de IA en la educación superior, generando así un impacto positivo y duradero en las futuras generaciones.