El febril ritmo de acciones de política exterior de la administración Trump ha causado un cisma en el orden geopolítico mundial, desde América Latina hasta el Medio Oriente. El Ártico, por supuesto, no podía quedar al margen de la conmoción provocada por la renovada agresividad estadunidense. Estados Unidos considera al Ártico una región clave para su seguridad, amenazada tanto por Rusia como por China, Corea del Norte y otros enemigos. Para contrarrestar esas amenazas, Estados Unidos ha mencionado repetidamente la necesidad de anexarse Groenlandia y de convertir a Canadá en un estado más.
Estas insinuaciones han sido tomadas muy en serio por los gobiernos de los países concernidos y han provocado reacciones muy negativas en sus poblaciones. Canadá y Dinamarca, los dos países más directamente afectados han buscado desde entonces reforzar o construir alianzas defensivas que disuadan a Estados Unidos de sus ambiciones territoriales y convenzan a su volátil Presidente de que son capaces de defender sus propios territorios sin necesidad de que otra potencia los defienda.
Lo paradójico de esta situación es que los tres países mencionados son miembros de la mayor alianza defensiva del mundo, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Como sabemos, el principio fundacional de la organización es que cualquier ataque armado en contra de uno de los miembros obligaría a los demás a tomar acción militar para defenderlo. Pero ¿qué pasa si quien amenaza a los dos miembros es, él mismo, un país miembro de la OTAN?… La organización se encuentra en un momento crucial para su existencia: el Presidente Trump nunca ha sido un entusiasta de que su país continúe su membresía en la organización (y sobre todo, que continúe siendo el mayor contribuyente de recursos militares para sus despliegues), su decisión de atacar Irán sin consultar a los demás miembros para después amenazarlos con un futuro complicado para la alianza si no contribuyen a su guerra, así como las amenazas contra Groenlandia y Canadá, parecen vaticinar el fin de la alianza transatlántica.
Canadá, por su parte, ha tomado en serio la necesidad de reforzar su propia seguridad, sobre todo en el Ártico[1]. Entre las acciones que ha tomado, se encuentran el aumento de su gasto militar, la renovación de su infraestructura en la región que se encontraba prácticamente abandonada y el diseño de una estrategia defensiva[2] renovada que reconoce nuevas amenazas como el deshielo del Océano Ártico, que hace posible un ataque por mar. Otra de las acciones que Canadá tomó fue fortalecer sus lazos defensivos con Europa y especialmente con los países nórdicos, con los que comparte el acceso al Ártico. El Primer Ministro canadiense, Mark Carney declaró, en términos muy enfáticos, el pleno respaldo de su país a la soberanía groenlandesa[3] y al gobierno danés, que administra la isla; aún en contra de la posición de su aliado más antiguo y cercano, Estados Unidos.
De manera aún más relevante, Canadá (al que los canadienses llaman cariñosamente el Gran Norte Blanco) celebró una Alianza de Seguridad y Defensa con la Unión Europea[4]. Esta alianza contempla diálogos periódicos de seguridad y defensa, buscar alianzas multilaterales cuando sea conveniente, e intercambiar información clasificada. Además de ello, Canadá decidió unirse al programa de Seguridad para Europa (SAFE), siendo el primer país no europeo que accede al programa[5]. SAFE es un programa que garantiza fondos de la Unión Europea a los 27 países del bloque, para que adquieran material militar. La participación de Canadá brinda la oportunidad a su industria militar de proveer material a sus aliados europeos, pero también permitirá a las fuerzas armadas canadienses garantizar proveedores confiables para su propio material.
El acercamiento de Canadá a los países europeos ha sido tan intenso, que el Ministro de Exteriores de Francia, Jean-Noel Barrot, sugirió la posibilidad de que Canadá se una al bloque comunitario[6]. Ese comentario suscitó que algunos comentaristas discutan seriamente esa posibilidad. La posible incorporación canadiense a la UE se ve poco probable, al menos por ahora, pero el hecho de que se mencione es un signo de que Canadá comienza a sentirse acorralado. Después de todo, si Estados Unidos tomara posesión de Groenlandia, rodearía a Canadá por el sur, el este y el oeste. Esa noción inquieta a los canadienses, que prefieren fortalecer a Europa para que funja como contrapeso al poderoso e inquieto vecino del sur.
[1] Canada’s new government is rebuilding, rearming, and reinvesting in the Canadian Armed Forces – Canada.ca
[2] Prime Minister Carney announces ambitious new plan to defend, build, and transform the North | Prime Minister of Canada
[3] Canada issues support for Greenland
[4] Security and defence partnership between the european union canada
[5] Prime Minister Carney secures Canada’s participation in the European Union’s SAFE initiative | Prime Minister of Canada
[6] Canada could potentially join EU: French foreign minister






