En Medio Oriente las guerras rara vez son locales. Empiezan en un punto del mapa y terminan moviendo los precios del petróleo, las bolsas del mundo y, a la larga, el bolsillo de millones de personas que nunca han estado cerca de ese conflicto. La ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán parece encaminarse precisamente hacia ese tipo de guerra: una que redefine equilibrios geopolíticos y, de paso, sacude los mercados energéticos.
La magnitud del golpe quedó clara con la noticia que cambió el tablero regional: la muerte del ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán desde 1989, confirmada por medios estatales iraníes tras los bombardeos contra instalaciones estratégicas del régimen. Para entender su impacto hay que recordar algo fundamental: en Irán el poder real no lo tiene el presidente, sino el líder supremo. Es la figura que controla las fuerzas armadas, la Guardia Revolucionaria, el aparato judicial y la dirección política del país. Su desaparición no es simplemente la muerte de un dirigente: es la decapitación del centro del poder de la República Islámica.
La Constitución iraní establece que, ante la muerte del líder supremo, el poder queda provisionalmente en manos de un consejo interino, mientras la Asamblea de Expertos (un órgano religioso de 88 clérigos) elige al sucesor definitivo. Aunque no ha sido confirmado por medios iraníes, medios israelíes indican que ha sido electo como sucesor Mojtaba Jamenei, el hijo del ayatolá muerto.
A unos cientos de kilómetros al sur de Terán, se encuentra una franja de mar que mide apenas 39 kilómetros de ancho y que se ha convertido en uno de los puntos más sensibles del planeta: el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo transita cerca de una quinta parte del petróleo que consume el mundo. Desde ahí salen los cargamentos energéticos de Arabia Saudita, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos rumbo a Asia. Es también la ruta por la que viajan enormes volúmenes de petróleo y gas hacia China e India, dos de las economías más dependientes de ese flujo energético.
En otras palabras, Ormuz es una especie de válvula global del petróleo. Si se cierra, o si simplemente se vuelve peligroso navegar por ahí, el precio del crudo reacciona de inmediato y por ende, una inflación de precios a nivel mundial. Al día de hoy, el estrecho de Ormuz se encuentra cerrado.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con México? México es un país petrolero, sí, pero también es un gran importador de gasolinas (de hecho importamos más de la mitad de la gasolina que consumimos como país). Y eso significa que los movimientos en el precio internacional del crudo al alza terminan reflejándose en el costo que pagamos en las estaciones de servicio.
Si el petróleo se dispara por la crisis en Medio Oriente, el gobierno mexicano enfrenta una decisión incómoda. Para manejar esta situación tiene dos opciones: i) la primera, es dejar que el aumento internacional se refleje directamente en el precio de la gasolina. Eso implicaría que aumentaría la inflación en México; ii) la segunda, es la que se ha utilizado en los últimos años: reducir el IEPS a los combustibles para amortiguar el impacto en el consumidor.
Sin embargo, el segundo mecanismo tiene un costo. Cada peso de estímulo fiscal significa menos ingresos para el gobierno federal. Y si el conflicto en Medio Oriente se prolonga, el impacto deja de ser un problema de precios y se convierte en un problema presupuestario. En otras palabras, el conflicto en Irán puede terminar moviendo el balance de las finanzas públicas mexicanas.
De acuerdo con estimaciones de Morgan Stanley, un aumento de 10% en el precio internacional del petróleo tendría un efecto neto negativo para México de -0.13% del PIB en las cuentas fiscales. El efecto inflacionario está acotado ya que existe tope al precio de la gasolina. En conjunto, el encarecimiento del crudo termina afectando más al costo de los combustibles y a las cuentas fiscales que lo que beneficia por mayores exportaciones petroleras, por lo que el balance macroeconómico para México sería ligeramente adverso.
La gran incógnita es cuánto tiempo durará el conflicto en Irán y si el precio del petróleo aumentará más del 10%. Analistas internacionales piensan que es probable que el conflicto dure más de 4 o 5 semanas y el petróleo supere los 100 dólares por barril; y esto significa que los costos para México podrían ser mas altos que los que se piensa inicialmente.
El tiempo lo dirá.






