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El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos impuso nuevas sanciones contra 10 personas y empresas, con sede principalmente en China y Hong Kong, acusadas de facilitar la adquisición de componentes críticos para el programa de drones Shahed del ejército iraní. Esta acción ocurre en un momento diplomático sensible, mientras el presidente Donald Trump prepara una visita oficial a Pekín para reunirse con Xi Jinping, y ante el estancamiento de las negociaciones para finalizar el conflicto con Teherán.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, afirmó que bajo el liderazgo de Trump, EE. UU. actuará con firmeza contra cualquier entidad extranjera que suministre armas utilizadas contra fuerzas estadounidenses. La ofensiva económica no solo apunta a proveedores de materias primas, sino que incluye una advertencia directa sobre sanciones secundarias a instituciones financieras y aerolíneas que apoyen el comercio ilícito, específicamente aquellas vinculadas a las refinerías independientes chinas. Con esta medida, Washington busca asfixiar la base industrial militar de Irán y evitar que reconstituya su capacidad de proyectar poder fuera de sus fronteras mediante tecnología no tripulada.