El gobierno del presidente Donald Trump ha oficializado una nueva estrategia geopolítica centrada en el asfixiamiento financiero de Irán. Con el objetivo declarado de provocar el colapso del actual régimen de ese país, la administración estadounidense ha convocado a sus aliados internacionales y a China a participar en lo que califican como la operación de aislamiento económico más grande jamás ejecutada.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó este giro en la política exterior, el cual implica transitar de una presión predominantemente militar hacia un esquema de sanciones económicas extremas. En declaraciones a la cadena CNBC, Bessent advirtió que la postura de Washington es tajante: «están con nosotros o contra nosotros», subrayó el funcionario al referirse a la alineación de las potencias mundiales con este plan.
Aunque el titular del Tesoro evitó profundizar en las tácticas de presión específicas contra Pekín, instó al gobierno chino a adherirse a la iniciativa, advirtiendo que sostendrán conversaciones directas al respecto.
La nueva directriz, detallada por Trump a través de su plataforma Truth Social, incluye amenazas de represalias económicas «tremendas» para cualquier entidad financiera, empresa o institución gubernamental que brinde apoyo o suministre salvavidas económicos a las autoridades iraníes.
Este cambio de rumbo responde a una lógica de contención prolongada. Según Bessent, la aplicación de esta «máxima presión económica» busca reducir la probabilidad de una escalada bélica a gran escala en el corto plazo, centrando el desgaste en la estructura logística y financiera del país asiático en lugar de en operaciones de combate directo, al menos mientras la estrategia de asfixia financiera se mantenga vigente.









