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El ejército de los Estados Unidos anunció el despliegue del grupo de ataque del portaaviones USS Nimitz (CVN 68) en aguas del Caribe. La movilización, confirmada por el Comando Sur a través de la plataforma X, incluye al Ala Aérea Embarcada 17, al destructor USS Gridley y al buque de suministro USNS Patuxent, calificando la flota como una «ventaja estratégica de letalidad inigualable».

Este movimiento militar coincide con la acusación penal de la Administración Trump contra el expresidente cubano Raúl Castro, señalado por el derribo de dos avionetas de la organización «Hermanos al Rescate» en 1996. El despliegue eleva al máximo la tensión bilateral, avivada por las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que Cuba es «la siguiente» tras las operaciones en Irán y que la isla comunista caerá «pronto». Ante la amenaza de una intervención armada, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, advirtió que su país ejercerá su derecho legítimo a la defensa, sentenciando que cualquier agresión militar provocaría «un baño de sangre con consecuencias incalculables».