Estados Unidos reabrió este jueves el principal puerto de inspección de ganado en Santa Teresa, Nuevo México, para aliviar el suministro tras el cierre por la alerta del gusano barrenador. Sin embargo, las autoridades advirtieron que esta medida no reducirá de inmediato los precios récord de la carne de vacuno, los cuales se mantienen elevados debido a restricciones estructurales del mercado.
La prohibición previa elevó el costo de la carne picada a cerca de 7 dólares por libra en el país norteamericano. Aunque los controles sanitarios han funcionado, el inventario ganadero estadounidense se encuentra en un mínimo histórico de 86.2 millones de cabezas, agravado por una prolongada sequía que afecta al sector desde hace años.
El impacto de la reapertura será gradual debido a que el ganado importado requiere entre cinco y ocho meses de engorda antes del sacrificio. Asimismo, los nuevos filtros sanitarios limitarán el flujo diario de importación a un rango de entre 750 y 1,600 cabezas, cifra inferior al promedio histórico previo a las restricciones.
Mientras el Departamento de Agricultura evalúa abrir otros cruces comerciales en la región bajo estrictas revisiones, la presión inflacionaria sobre los alimentos persiste. Esto mantiene un desafío constante para el gobierno estadounidense frente al encarecimiento de la canasta básica.








