Las últimas tropas de Estados Unidos han comenzado a abandonar Irak, poniendo fin a más de dos décadas de presencia militar iniciada con la invasión de 2003. El repliegue marca el cierre formal de las operaciones de combate y de asistencia táctica lideradas por Washington en territorio iraquí.
A pesar de la salida del contingente estadounidense, el escenario de seguridad en la región sigue siendo incierto. Las facciones armadas alineadas con Irán que operan en el país no muestran indicios de desarmarse ni de disolver sus estructuras paramilitares, conservando un notable peso político y capacidad operativa.
El fin de la misión militar reconfigura el equilibrio geopolítico en Medio Oriente. Mientras el Gobierno en Bagdad intenta afianzar la soberanía nacional, analistas en seguridad advierten que la persistencia de estos grupos proiraníes representa un desafío crítico para la estabilidad de la zona tras el vacío dejado por las fuerzas internacionales.







