El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, viajó a Texas con unos minutos de retraso para asistir a la Convención Republicana tras una revisión de seguridad en el avión presidencial que le regaló Catar.
El mandatario llegó a la base aérea Andrews, a las afueras de Washington, donde estaba estacionada la aeronave, pero tuvo que esperar cerca de 20 minutos a bordo de su helicóptero mientras la tripulación inspeccionaba el tobogán de emergencia del aparato, el cual se había desplegado de forma imprevista.
«Quieren asegurarse de que todo funcione a la perfección», explicó a la prensa el presidente Donald Trump, quien se mostró confiado en la seguridad del transporte: «Sí, lo estoy, o no estaría a bordo».
Este contratiempo se suma a lo ocurrido semanas atrás, cuando la nave fue retirada temporalmente de servicio para someterla a adecuaciones y mejoras en sus sistemas defensivos.
Donald Trump utilizó este avión para trasladarse en julio a la cumbre de la OTAN en Turquía; sin embargo, no retornó a territorio estadounidense en él debido a una presunta amenaza de seguridad atribuida a Irán. En aquella ocasión, la comitiva empleó una maniobra táctica en la que simularon el despegue en la aeronave principal para trasladarlo de forma discreta en otra unidad.
La incorporación del vehículo aéreo regalado por Catar ha generado debate político en Washington debido a eventuales conflictos de interés y cuestionamientos sobre sus estándares operativos. La administración contempla usar provisionalmente el modelo catarí mientras la compañía Boeing concluye la fabricación de las dos nuevas unidades destinadas al programa Air Force One.









