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En cada puntada hay una historia. Los colores, figuras y símbolos que dan forma al bordado mexicano conservan la memoria de los pueblos, representan su entorno y mantienen vivos conocimientos transmitidos de generación en generación.

En el marco del Día Mundial del Bordado, la Secretaría de Turismo (Sectur) reconoció el trabajo de las artesanas y los artesanos que, desde distintas regiones del país, convierten los textiles en expresiones de identidad, tradición y creatividad.

“Cada puntada” es también un relato sobre la tierra, las fiestas, la cosmovisión y el orgullo de las comunidades, destacó la dependencia al recordar la diversidad de técnicas que se desarrollan en México, desde los bordados de Tenango, en Hidalgo, hasta las creaciones textiles de Zinacantán, en Chiapas.

Más allá de su valor estético, el bordado forma parte del patrimonio cultural vivo y representa una fuente de ingresos para numerosas familias. Sin embargo, su preservación enfrenta desafíos como la reproducción industrial de diseños tradicionales, la falta de reconocimiento y la competencia de productos que imitan técnicas artesanales.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) ha señalado que el arte textil es una herramienta para fortalecer la autonomía de las mujeres, el desarrollo económico y los vínculos comunitarios.

En México, proyectos impulsados junto con instituciones culturales han brindado capacitación en gestión, finanzas y protección del patrimonio a cientos de bordadoras. Tan solo una iniciativa desarrollada en Yucatán apoyó a más de 350 artesanas de 26 localidades, mientras que otros programas han promovido la profesionalización y transmisión de estos conocimientos.

Además, la Secretaría de Cultura y la UNESCO iniciaron la construcción del primer Atlas Nacional de Técnicas Textiles Artesanales, con la participación de creadoras y creadores de más de 20 estados. El proyecto busca documentar las técnicas, materiales, herramientas y significados culturales vinculados con el tejido y el bordado.

La celebración pone el foco en una tradición que trasciende la confección de prendas: cada hilo conserva una parte de la historia colectiva y convierte el trabajo artesanal en un puente entre las generaciones.