El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos confirmó la detención de dos mil cien migrantes durante el operativo «Manzana Podrida», una intervención de 30 días que abarcó la ciudad de Nueva York, Long Island y el valle del Hudson.
Markwayne Mullin, titular de la dependencia, defendió la estrategia al señalar que la acción retiró a presuntos criminales de las calles, describiendo a los arrestados como integrantes de pandillas, violadores, homicidas y depredadores sexuales. Sin embargo, el funcionario federal reconoció que el alcance de la campaña no se restringirá a personas con historial delictivo.
La directriz contempla la persecución y deportación de cualquier ciudadano extranjero que resida de manera irregular en territorio estadounidense, sin importar si cuenta o carece de antecedentes penales.
Esta fase del operativo intensificó la confrontación política con las autoridades locales de Nueva York. Mullin criticó abiertamente a la gobernadora Kathy Hochul y al alcalde capitalino Zohran Mamdani por mantener las normativas de «ciudad santuario», las cuales restringen la cooperación operativa y el intercambio de bases de datos entre las corporaciones policiales locales y las agencias federales de control migratorio.







