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En los últimos días, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado sus confrontaciones con la prensa al responder con descalificaciones e insultos directos hacia mujeres periodistas de cadenas como NBC News, ABC News y CNN, quienes cubrían sus actividades en la Casa Blanca. Expresiones ofensivas dirigidas a cuestionar su capacidad intelectual y profesional han marcado sus recientes ruedas de prensa ante preguntas sobre temas de interés público.

Elisa Lees Muñoz, presidenta de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF, por sus siglas en inglés), documentó al menos 37 ataques verbales contra comunicadoras desde la llegada de Trump al poder, registrando 21 de estos incidentes únicamente en 2020. De acuerdo con Lees Muñoz, estas agresiones no constituyen hechos aislados, sino un mecanismo deliberado para frenar la labor informativa y amedrentar a las profesionales que ejercen la libertad de prensa en el debate público.

La titular de la IWMF remarcó que esta hostilidad evidencia un patrón de misoginia institucionalizada que busca desplazar a las mujeres de los espacios de visibilidad ciudadana, una conducta similar a la ejercida contra juezas y figuras políticas opositoras.

Diversas organizaciones no gubernamentales han emitido alertas por este comportamiento. En diciembre de 2025, Reporteros Sin Fronteras (RSF) denunció la creciente hostilidad gubernamental hacia las profesionales de los medios. Posteriormente, en septiembre de 2026, Human Rights Watch (HRW) publicó un análisis elaborado por Skye Wheeler donde condenó el uso reiterado de lenguaje sexista y comentarios denigrantes para evadir el escrutinio periodístico y deslegitimar la labor de las corresponsales.