Tras la histórica eutanasia de una joven en Barcelona, la iniciativa ciudadana «Ley Trasciende» busca despenalizar la muerte asistida en México para pacientes terminales; «No se trata de morir, sino de decidir», afirma su impulsora.
La muerte de Noelia Castillo, una joven española de 25 años que recibió la eutanasia tras tres años de batalla legal por dolores crónicos irreversibles, ha resonado con fuerza en México. El caso ha puesto bajo los reflectores la «Ley Trasciende», una iniciativa impulsada por la periodista y catedrática mexicana Samara Martínez Montaño, quien a sus 30 años enfrenta una etapa terminal de insuficiencia renal crónica y lupus eritematoso sistémico.
Martínez, quien depende de una máquina de diálisis 10 horas cada noche, busca reformar el artículo 166 de la Ley General de Salud. Su propuesta se enfoca en permitir la Muerte Médicamente Asistida (MMA) para mayores de edad con enfermedades crónico-degenerativas o terminales que ya agotaron sus opciones de tratamiento. Para Samara, contar con esta ley es como «un seguro»: algo que no se desea usar, pero que brinda paz mental saber que se tiene el control sobre el propio sufrimiento.
Especialistas de la UNAM, como la doctora Asunción Álvarez del Río, señalan que es vital distinguir la eutanasia de la Voluntad Anticipada (ya legal en varios estados de México). Mientras que la segunda permite suspender tratamientos para dejar que la muerte siga su curso natural, la eutanasia implica una acción médica directa para evitar una agonía que, en casos como la falla renal, puede ser extremadamente violenta y dolorosa. Pese a que el 72% de los mexicanos apoya un cambio en la legislación, la MMA sigue penalizada en el Código Penal Federal.






