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La Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) comenzó a otorgar registros federales a más de 900 dispensarios de cannabis medicinal en siete estados, en lo que representa el primer paso para incorporar estos establecimientos a un nuevo esquema de regulación federal.

El Departamento de Justicia confirmó el 30 de octubre que las autorizaciones corresponden a negocios ubicados en Alabama, Florida, Misisipi, Dakota del Sur, Texas, Virginia y Virginia Occidental. Los establecimientos tuvieron que superar una investigación previa de la DEA y cumplir requisitos federales para recibir el registro.

La medida deriva de una orden firmada el 23 de abril por el entonces fiscal general interino Todd Blanche, que trasladó determinados productos y actividades de cannabis medicinal de la Lista I a la Lista III de sustancias controladas. Esta última categoría contempla sustancias con uso médico aceptado y menor nivel de restricciones federales.

El cambio permite establecer un mecanismo para registrar a productores, distribuidores y dispensarios que operan bajo programas estatales de cannabis medicinal. Sin embargo, contar con una licencia estatal no garantiza automáticamente la autorización federal: los negocios deben cumplir controles de seguridad, inventarios y registros.

La DEA también informó que continuará revisando solicitudes de otros establecimientos. Una lista publicada por la agencia contabiliza 6 mil 983 solicitudes de empresas del sector, entre dispensarios, fabricantes y distribuidores.

De acuerdo con la agencia Associated Press, el registro federal también podría representar beneficios fiscales para estas empresas, que anteriormente enfrentaban restricciones para deducir gastos ordinarios de operación debido a la clasificación federal del cannabis.

No obstante, la decisión no legaliza el consumo recreativo de marihuana en todo el país. Las actividades que no están contempladas en la orden mantienen su clasificación y restricciones federales.