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El gobierno de Cuba rechazó de manera categórica las declaraciones y advertencias provenientes de Estados Unidos sobre un eventual despliegue militar frente a su territorio, al calificar cualquier pretensión de dominio hacia la isla como una amenaza directa a su soberanía nacional.

A través de un pronunciamiento oficial emitido tras los amagos de Washington sobre posicionar buques militares en aguas cercanas a la isla, las autoridades cubanas advirtieron sobre las dificultades y riesgos de cualquier incursión foránea. En el mensaje, se enfatizó que el litoral de la isla cuenta con «picos de piedra caliza afilados como navajas», describiéndolo como un entorno hostil para quienes intenten aproximarse con propósitos de agresión o dominación extranjera.

La respuesta del gobierno cubano marca un nuevo episodio de confrontación retórica entre ambas naciones, elevando la fricción diplomática luego de las reiteradas advertencias sobre la reactivación de medidas de presión y presencia naval estadounidense en la cuenca del Caribe.