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Corea del Sur experimenta el último periodo estival en el que se permite la venta de la sopa tradicional de carne de perro, conocida como bosintang. Esta práctica histórica llegará a su fin en febrero de 2027, cuando concluya el periodo de gracia de la ley aprobada en 2024 que prohíbe de forma definitiva la crianza, sacrificio, distribución y comercialización de estos animales para el consumo humano.

La legislación contempla severas sanciones de hasta tres años de prisión o multas de hasta 30 millones de wones para quienes infrinjan la norma.

El declive comercial del sector es evidente. De los 2,352 restaurantes dedicados a este alimento registrados a nivel nacional en 2024, 1,902 informaron que cambiarán su menú o giro comercial con apoyo gubernamental, mientras que 450 optaron por el cierre definitivo. Los comerciantes expresan gran incertidumbre sobre su sustento futuro, puesto que muchos se han dedicado a esta actividad por décadas y enfrentan serias dificultades para reconvertir sus negocios.

Paralelamente, el sector de la cría de perros ha sufrido una reducción drástica: las granjas operativas disminuyeron de 1,537 en 2024 a solo 272 en mayo de 2026, lo que representa una caída del 82%.

A pesar del descenso, activistas de la ONG Humane World for Animals Korea señalan que las condiciones de insalubridad en las granjas restantes persisten. Asimismo, critican fuertemente que casi el 97% de los 393,857 perros de los criaderos clausurados hayan sido enviados al matadero ante la falta de programas gubernamentales enfocados en su rescate, rehabilitación o adopción.