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La presencia del gusano barrenador del ganado en Chihuahua dejó de ser un caso aislado. Autoridades sanitarias confirmaron que la entidad acumula 11 casos positivos, todos detectados en municipios del sur del estado, lo que mantiene activos los protocolos de vigilancia y contención para evitar la propagación de la plaga hacia otras regiones ganaderas.

De acuerdo con información del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), los casos corresponden a animales que presentaron miasis provocada por larvas de Cochliomyia hominivorax, una mosca cuyas crías se alimentan de tejido vivo y representan un riesgo para la producción pecuaria.

El titular de la Secretaría de Desarrollo Rural de Chihuahua, Mauro Parada Muñoz, informó que los 11 casos se encuentran bajo control sanitario y que todos fueron atendidos conforme a los protocolos establecidos por Senasica. Las autoridades precisaron que no se han detectado nuevos brotes fuera de la zona donde se originaron los contagios, principalmente en el municipio de Hidalgo del Parral y localidades cercanas.

La confirmación ocurre apenas semanas después de que Chihuahua registrara su primer caso de gusano barrenador, convirtiéndose en una de las últimas entidades del país en reportar la presencia de la plaga. Desde entonces, brigadas estatales y federales reforzaron la inspección del ganado, la revisión de heridas en animales, el control de movilización y la capacitación de productores para detectar oportunamente posibles infestaciones.

Senasica reiteró el llamado a médicos veterinarios y ganaderos para reportar de inmediato cualquier animal con heridas infestadas por larvas, ya que una atención temprana es fundamental para contener la dispersión del parásito. Entre las medidas implementadas a nivel nacional destacan la vigilancia epidemiológica permanente, el tratamiento inmediato de los casos confirmados y la liberación de moscas estériles como estrategia para interrumpir el ciclo reproductivo de la especie.

El avance del gusano barrenador mantiene en alerta al sector pecuario mexicano debido a las implicaciones sanitarias y comerciales que puede generar, especialmente en un contexto de vigilancia reforzada sobre la movilización y exportación de ganado hacia Estados Unidos.