Este viernes, el pastor Paul Mackenzie, cabecilla de una secta apocalíptica en Kenia, fue sentenciado a 200 años de prisión tras ser hallado culpable del asesinato de 191 personas, en su inmensa mayoría menores de edad a quienes persuadió de privarse de alimentos.
El Tribunal Superior de Mombasa resolvió la condena contra el líder de la Iglesia Internacional Buenas Nuevas por la muerte de 190 niños y un adulto, luego de constatar que ordenó a su feligresía someterse a un ayuno extremo hasta morir bajo la promesa teológica de «encontrarse con Jesús». En el banquillo de los acusados comparecieron junto a él 28 colaboradores —entre vigilantes carcelarios y sepultureros clandestinos encargados de enterrar los cuerpos—, quienes negaron su culpabilidad, con excepción de un imputado confeso.
La jueza Diana Kavedza determinó que Mackenzie ostenta la autoría material y la máxima responsabilidad penal de la masacre, al forzar el desplazamiento de las familias hacia un enclave remoto e imponer el régimen de inanición. En la lectura de la sentencia, la juzgadora certificó que 183 víctimas perecieron por falta absoluta de nutrientes, mientras que ocho más fueron catalogadas jurídicamente como homicidio directo mediante violencia letal.
Kavedza calificó las ejecuciones como actos «fríos y calculados», rechazando argumentos de la defensa que pretendían atenuar la complicidad en el exterminio infantil alegando la pérdida de sus propios consanguíneos. Pese a que el Ministerio Público exigió formalmente la pena de muerte para el pastor y prisión perpetua para sus cómplices, Mackenzie todavía enfrenta procesos paralelos por cargos de terrorismo, tortura y abuso infantil sistemático en distintas sedes jurisdiccionales del país.














